miércoles, 5 de octubre de 2011

La fina línea.

Tic... Tac... Tic... Tac... Un ansioso reloj hace resonar los segundos. La noche inunda cada rincón de la casa, sumiéndolo todo en una melancólica oscuridad. Un hombre de frac abre un mueble-bar, saca un aso, y se sirve un poco de whisky escocés con hielo. Camina por el salón. A pesar de haberlo recorrido cientos de veces se siente perdido en esa enorme habitación, cuyos enormes ventanales dejan entrever un paisaje que más de uno querría ver al levantarse cada mañana. Ni cartas de despedida a lo Kurt Cobain, ni mensajes, ni notas, ni nada. En cierto modo se siente como los hombres de primera clase del Titanic, naufragando junto al barco mientras disfrutan de su última copa de whisky. Se acerca a una mesilla y del primero de los cajones saca una Colt Python a punto de ser estrenada. Acto seguido se sienta en un largo sofá, con el vaso en una mano y el revólver en la otra. Mira su mano derecha. Qué fina es la línea entre la vida y la muerte, piensa. Se termina de un largo trago lo que queda de whisky y tira la copa, rompiéndola en mil pedazos. Después, nada. Tic... Tac... Tic... Tac... El reloj sigue contando los segundos, unos segundos sin dueño.

Última hora. Las autoridades han hallado muerto en su domicilio al multimillonario empresario [...]. Aunque no se conocen muchos datos sobre su muerte, todo parece indicar que se trata de un suicidio [...]. Les seguiremos informando en los próximos minutos.

-¿Pero tú te crees?
Dos policías charlan sobre el incidente en el mismo salón, la misma habitación, entre las mismas paredes testigos la noche anterior. A lo lejos, un detective de traje marrón y sombrero entra por la puerta principal con aires más propios de otros tiempos.
-Buenas, ¿qué tenemos?
-Nada... El tipo se pegó un tiro con la Python, no hay duda.
El detective se acerca al cuerpo y lo examina exhaustivamente, buscando algo que pueda confirmar que, simplemente, decidió acabar con su vida. Sí, lo ve, está claro. Incluso antes de ver el cadaver, antes de llegar a la casa, lo había adivinado. Se incorpora y se pone a la altura de los otros dos agentes.
-No lo entiendo, lo tenía todo: dinero, una mansión, dos cochazos en el garaje...- reflexiona uno de los dos policías.
-Sí, no tiene demasiado sentido- responde el otro.
-Murió por amor- concluye el detective.
-Perdone, ¿cómo dice?
-Esperó durante muchos años a una novia que nunca le correspondió.
-¿Cómo que una novia? ¿Qué novia?
-Una dama llamada felicidad.

"No hay camino hacia la felicidad, la felicidad es el camino".
Anónimo

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1 comentario:

  1. Sinceramente, me gusta. ¿Qué tendrá la imagen de los detectives que siempre los imaginamos con sobrero? Gran desenlace compi ;)

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